Escuché una voz en el cuarto de mi suegra a las 2 a.m.-nana

Durante tres años, mi esposo se negó a tocarme.

No me rechazaba con crueldad.

No levantaba la voz.

No me humillaba ni me hacía sentir poca cosa con palabras directas.

Eso habría sido más fácil de nombrar.

Lo insoportable era otra cosa.

La suavidad.

La delicadeza calculada.

Read More
Previous Post Next Post